Lacoste by Martini — campaña conceptual

Dos marcas de mundos distintos, un mismo lenguaje visual. Es una campaña conceptual — sin cliente y sin briefing — producida para responder a una sola pregunta: ¿puede la IA sostener una campaña a lo largo de cinco planos y un spot, como lo haría una sesión real?
El sistema
Todo empezó con una imagen: una copa de martini apoyada sobre el cordaje de una raqueta roja. Esa colisión — un objeto frágil donde no debería estar — fijó las reglas de todo lo demás.
- Paleta. Verde cocodrilo, crema, rojo laca, plata. Nada más entra en cuadro.
- Luz. Sol duro y bajo, sombras largas. Ni un plano con luz suave.
- Época. 1972, en película, grano Ektachrome.
- Prueba. Si un plano funciona en blanco y negro, aún no está terminado.
La secuencia
Bodegón principal, musa, mundo, detalle y plano de cierre. La serie va del objeto a la persona, de la persona al lugar, y vuelve a salir a la pista vacía al atardecer — el “después” de la propia campaña. El último plano no lleva producto alguno, y por eso funciona.
El spot
Un spot de 15 segundos cierra la campaña. Cada corte lo motiva un sonido: un pincho de cóctel contra el cristal, una pelota lejana, una nota de contrabajo. Cuando el sonido te dice dónde cortar, el montaje se siente inevitable, aunque nunca haya existido una cámara.
El workflow
Imágenes dirigidas y acabadas en la suite de Magnific, movimiento en Seedance. Las herramientas renderizan planos; las decisiones — paleta, hora del día, época, qué se descarta — son el trabajo. La consistencia no es un extra en una campaña: es el requisito.
Trabajo conceptual. Sin afiliación ni encargo de Lacoste o Martini.




